CUANDO LA BIBLIA DUELE 1: JUECES 19: UN GRITO DE JUSTICIA DESDE EL ABISMO DE LA CRUELDAD HUMANA
Autor Roy Antonio Cisneros Sánchez
UN ENIGMA TERRORÍFICO ENTRE PÁGINAS SAGRADAS
¿Alguna vez te has topado con una página de la Biblia que te ha provocado cerrar el libro de golpe, sintiendo un nudo en el estómago? O quizás, al leer ciertos pasajes, te has preguntado con sincera angustia: ¿Cómo es posible que un relato tan cruel y despiadado forme parte de la Palabra de Dios?
Esta es exactamente la sensación que nos invade al adentrarnos en el capítulo 19 del libro de los Jueces.
Nos encontramos ante uno de los episodios más oscuros y perturbadores de toda la literatura antigua: la historia del levita y su concubina. Un relato de hospitalidad traicionada, de cobardía extrema, de violación colectiva y de un espeluznante desmembramiento.
¿Por qué los autores sagrados decidieron conservar una memoria tan atroz? ¿Qué nos quiere enseñar Dios al permitir que semejante abismo de maldad humana quede registrado en las Escrituras?
Te invito a que no apartemos la mirada. Con paciencia pastoral y honestidad intelectual, vamos a explorar las grietas de este texto para descubrir un mensaje que, lejos de destruir nuestra fe, tiene el poder de sacudir las conciencias de nuestra sociedad del siglo veintiuno.
EL ESPEJO DE UNA SOCIEDAD EN RUINAS
Cualquier lector que se acerque al texto bíblico se topa de frente con un hecho innegable y crudo. Un hombre de la tribu de Leví viaja con su mujer para recuperarla tras una separación. El texto original hebreo la denomina pilegesh (פִּילֶגֶשׁ: concubina o esposa de segundo rango), un estatus legal de la época que, lamentablemente, la colocaba en una posición de extrema vulnerabilidad.
Al caer la noche, la pareja busca refugio en la ciudad de Guibeá, perteneciente a la tribu israelita de Benjamín. Un anciano los acoge, pero pronto la casa es rodeada por los hombres de la ciudad con intenciones de abusar sexualmente del forastero.
Es aquí donde el relato hiela la sangre. Para salvar su propio honor y su vida, el levita, un hombre dedicado al servicio religioso, toma a su concubina y la arroja a la calle, entregándola a la turba enfurecida. Tras ser abusada brutalmente durante toda la noche, la mujer logra arrastrarse hasta la puerta de la casa.
Al amanecer, el levita abre la puerta, la ve tendida con las manos en el umbral y, con una frialdad espantosa, le ordena: «Levántate, vámonos». Al no obtener respuesta, carga su cuerpo en el asno, llega a su casa, la descuartiza en doce pedazos y los envía por todo el territorio de Israel.
La clave de interpretación
Ante esta atrocidad empírica del texto, nuestra razón histórica nos obliga a investigar el contexto, la situación vital de la época (lo que los expertos llaman Sitz im Leben). No estamos ante una crónica periodística que busque exaltar el morbo, ni mucho menos ante un modelo de conducta moral.
El autor sagrado nos está dando la clave de interpretación a través de un estribillo que repite como una advertencia fúnebre:
«En aquel tiempo, cuando aún no había rey en Israel, hacía cada uno lo que le parecía bien» (Jueces 19, 1; 21, 25).
La intención literaria es clara: estamos ante una feroz denuncia política y social. El autor nos describe una época de caos, de anarquía y de colapso moral absoluto. Los israelitas, que debían ser una luz de justicia, se han vuelto peores que los habitantes de Sodoma. Las instituciones han fallado. Incluso el clero, representado por el cobarde levita, ha perdido toda brújula moral, tratando a una mujer como un simple objeto desechable para protegerse a sí mismo.
El texto nos empuja a deducir que, cuando una sociedad se aleja del proyecto liberador de Dios y pierde el respeto por la dignidad del prójimo, se hunde en la violencia más monstruosa y autodestructiva, desencadenando una guerra civil fratricida.
EL SILENCIO CÓMPLICE QUE GRITA HOY
Descubrir que este relato es un espejo crítico y no una norma moral, supone un gran paso para desaprender lecturas literalistas que tanto daño han hecho. La intención final del autor no es justificar la violencia contra la mujer, sino exponerla en toda su crudeza para provocar una sagrada indignación. El relato original no suaviza los detalles porque quiere que el lector siente el horror de una sociedad que sacrifica a los más débiles.
Al repreguntar a este texto desde nuestra realidad del siglo veintiuno, el mensaje resulta de una actualidad abrumadora. Hoy en día, nuestra sociedad sigue presenciando incontables historias de violencia de género, de mujeres tratadas como objetos y de sistemas que miran hacia otro lado.
El silencio del levita, que se va a dormir mientras su esposa agoniza en el umbral de la puerta, es el mismo silencio cómple de las instituciones y de las personas que hoy cierran los ojos ante el sufrimiento de las víctimas.
La Biblia no oculta la violencia porque la historia humana es violenta. Al poner este texto en nuestras manos, la Palabra nos interpela: ¿Qué estamos haciendo nosotros ante las víctimas que caen en nuestros propios umbrales? Este abismo de maldad no es la voluntad de Dios; es la denuncia profética de un mundo que ha decidido vivir de espaldas al amor.
LA VERDAD QUE SANA Y LIBERA
Integrar este doloroso relato en nuestra fe es un acto de madurez espiritual. A veces creemos erróneamente que todas las páginas de la Biblia deben ofrecernos consuelo inmediato o ejemplos de virtud. Sin embargo, la verdadera fe, honesta y sanadora, reconoce que Dios también nos habla a través del antitestimonio, mostrándonos los abismos a los que llega el ser humano cuando olvida la justicia y la misericordia.
Saber que la Biblia denuncia el horror en lugar de ocultarlo, nos ayuda a transitar hacia una fe más inteligente y madura. No necesitamos justificar lo injustificable para defender a Dios. Al contrario, descubrimos que el Dios de Israel llora con la víctima en el umbral y condena la hipocresía del que se llama religioso pero carece de piedad.
Creer hoy significa comprometerse a construir una sociedad donde esto no vuelva a ocurrir; es aprender a creer con más fuerza en el Dios de la vida, pero en menos dogmas que adormecen nuestra capacidad de compasión.
NOTAS
- Libro de los Jueces: Obra bíblica que narra la turbulenta historia de las doce tribus de Israel en el período previo a la instauración de la monarquía (aproximadamente entre los siglos XIII y XI a.C.). Su redacción final busca demostrar que la infidelidad a la alianza genera caos y destrucción.
- Levita: Miembro de la tribu de Leví, apartado en el antiguo Israel para el cuidado de los santuarios y el servicio religioso. En el relato de Jueces 19, la figura del levita subraya irónicamente cómo incluso los encargados de la piedad habían caído en la más profunda bajeza moral.
- El paralelismo con Sodoma: El asedio de la casa en Guibeá (Jueces 19, 22-25) evoca intencionalmente el relato de Génesis 19, 4-9. El autor utiliza este recurso literario para mostrar que las tribus de Israel han descendido al mismo nivel de depravación que las naciones paganas que antes habían condenado.
BIBLIOGRAFÍA
- Buis, P. (s.f.). El libro de los Reyes (Cuadernos Bíblicos 86). Editorial Verbo Divino.
- Escuela Bíblica de Jerusalén. (2009). Biblia de Jerusalén (4ta ed.). Editorial Desclée De Brouwer.
- Luciani, D., & Noël, D. (s.f.). Sansón, Relato e Historia (Cuadernos Bíblicos 168). Editorial Verbo Divino.
- Varios Autores. (s.f.). La violencia en la Biblia (Cuadernos Bíblicos 76). Editorial Verbo Divino.
- Wénin, A. (s.f.). El libro de Rut (Cuadernos Bíblicos 104). Editorial Verbo Divino.

Autor Lic. Roy Cisneros Sánchez, MAEd

Gracias Roy, son ejemplos crudos que interpelan aunque no me suena raro que se use a la mujer así en esa época.
Querido Sergio, aún hoy en día se siguen utilizando a las mujeres de esa manera…
Impactante, los libros de la Biblia, así prefiero llamarlos, no siempre nos trae consuelo …genial