¿APAGAR EL CEREBRO PARA ACERCARSE A DIOS? EL MISTERIO DE CREER LO CREIBLE

El origen de la fe en la Biblia: ¿Revelación estática o literatura viva?

¿Te has sentido alguna vez acorralado por la idea de que tener fe equivale a dar un salto al vacío, cerrando los ojos y apagando la inteligencia? ¿Por qué la cultura moderna nos ha hecho creer que confiar en Dios es un acto irracional, reservado para quienes no quieren o no pueden enfrentar la dureza de la vida real? En nuestro tiempo, marcado por la secularización y la ciencia, la religión suele ser vista con recelo, como un refugio de consuelo fácil frente al dolor del mundo o como un conjunto de dogmas incomprensibles que asfixian el pensamiento.

Sin embargo, al investigar el origen de la fe en la Biblia, ¿qué pasaría si descubriéramos que la fe cristiana no exige el sacrificio del intelecto, sino que es la respuesta más lúcida, sensata y humanizadora frente al misterio de la existencia?

De la visión premoderna al misterio de la encarnación

Durante siglos, hemos arrastrado imágenes de un Dios distante, un soberano intervencionista que maneja los hilos del universo desde las nubes, o peor aún, un juez implacable que exige sumisión ciega. Esas visiones premodernas han generado mucho miedo y han alejado a incontables buscadores sinceros porque chocan frontalmente con nuestra racionalidad cotidiana. Sin embargo, al sumergirnos en la teología fundamental moderna descubrimos un horizonte radicalmente distinto: nuestra fe nace del encuentro con un Dios que toma la iniciativa y se muestra a sí mismo como creíble.

El texto bíblico que sirve como regla de oro para esta reflexión lo encontramos en la primera carta del apóstol Pedro, donde se nos invita a “estar siempre dispuestos a dar razón de nuestra esperanza a todo aquel que nos la pida, haciéndolo con gentileza y respeto” (1 Pedro 3, 15-16). Desde sus orígenes en el siglo I, el cristianismo no se presentó como una mitología absurda, sino como una experiencia vital que busca ser comprendida. La fe verdadera siempre busca la inteligencia y rechaza cualquier actitud que pretenda separar la creencia de la razón.

La teología moderna nos recuerda que la credibilidad de nuestra fe nos obliga a afrontar no solo en quién creemos, sino también por qué y cómo creemos. El Dios que sale a nuestro encuentro no es un ser mudo ni escondido, sino que toma la iniciativa de comunicarse de manera personal, universal, histórica y profundamente solidaria. Aquí aparece un concepto revolucionario y sanador en la teología sistemática: la kenosis (κένωσις: vaciamiento o abajamiento). Dios no se nos impone aplastándonos con su poder absoluto, sino que se hace pequeño, frágil y vulnerable por amor.

Este vaciamiento alcanza su punto máximo en Jesús de Nazaret, quien no es un semidiós disfrazado con poderes mágicos, sino el rostro humano, histórico y creíble de Dios. En el diálogo teológico moderno, comprendemos que debemos pasar de un simple cristocentrismo abstracto a recuperar el reinocentrismo histórico de Jesús: su prioridad absoluta era anunciar el Reino de Dios a los marginados y sencillos. En la praxis histórica de Jesús, descubrimos que Dios no es el causante de nuestros males ni un ser insensible, sino el amor solidario que sufre con su creación y busca liberarnos desde nuestras propias raíces.

Un viaje sanador de humanización y libertad

¿Qué significa todo este descubrimiento sistemático para ti y para mí en nuestro caminar diario, en medio de una cultura que tantas veces nos exige pruebas tangibles y comprobables para todo? Significa, en primer lugar, que no necesitamos asustarnos ante las dudas. Creer lo creíble no es tener una demostración matemática de la existencia divina en un laboratorio. Si Dios fuera evidente de forma absoluta y forzosa, perderíamos la libertad maravillosa de elegir amarlo. La fe es, en cambio, una confianza inteligente frente a una propuesta que dota de pleno sentido a nuestra existencia.

La fe no nos aleja del mundo terrenal ni nos resta humanidad; muy por el contrario, es un camino profundo de humanización. Creer en este Dios que es comunión nos compromete vitalmente, ya que la fe es una respuesta integral que abarca tres dimensiones inseparables: la intelectual mediante nuestra formación, la espiritual nutrida en la oración, y la práctica, que se vive en el compromiso y la caridad concreta. Te invito a repreguntarte: ¿Acaso la imagen de Dios que albergas en tu interior te llena de paz para servir a los demás, o te llena de culpas paralizantes?

Es necesario aprender a desaprender. Debemos cuestionar y soltar aquellas lecturas literalistas o fundamentalistas que nos hacían ver a Dios como un ser amenazante y vigilante. Al limpiar nuestra mirada, descubrimos que la teología es en realidad una hermenéutica, una herramienta que nos permite reinterpretar la tradición constantemente para que siga ofreciendo respuestas vivas y transformadoras a los desafíos de hoy.

Una confianza inteligente y restauradora

Al final de nuestra jornada, atrevernos a creer lo creíble es el acto más esperanzador y sanador que podemos realizar. Es soltar las amarras de la culpa impuesta, abandonar para siempre las imágenes de un Dios opresor y dejarnos abrazar por un Misterio que es pura relación, donación y ternura. Este viaje teológico no busca destruir tu fe, sino limpiarla de miedos y de capas dogmáticas opresivas que alguna vez limitaron tu pensamiento.

Confiar en Dios no te pide que dejes tu inteligencia en la puerta de la vida, sino que la utilices con toda su brillantez para amar mejor y transformar la historia. Que este recorrido sea para ti un bálsamo liberador que te ayude a transitar hacia una fe más inteligente, honesta, madura y saludable: creer con más fuerza, pero en menos cosas, descansando tu mente y tu espíritu en la certeza del amor inagotable de Jesús.


Notas al texto

  • La regla de oro de la teología fundamental: Se basa en la exhortación a dar razón de nuestra esperanza, citada de la Primera Carta de Pedro 3, 15-16. Las citas bíblicas textuales en nuestro análisis siempre asumen la profundidad exegética de textos consolidados como la Biblia de Jerusalén.
  • Identidad de la teología fundamental: Justifica que la revelación cristiana es verdaderamente una propuesta sensata y humanizadora, dialogando críticamente con la cultura contemporánea y huyendo tanto del escepticismo radical como del fideísmo ciego.

Bibliografía

  • González Faus, J. I. (1987). Proyecto de hermano: visión creyente del hombre. Santander: Sal Terrae.
  • Moore, M. P. (2011). Creer en Jesucristo. Una propuesta en diálogo con O. González de Cardedal y J. I. González Faus. Salamanca: Secretariado Trinitario.
  • Moore, M. P. (2012). La credibilidad de Jesucristo. Algunas propuestas en diálogo con O. González de Cardedal y J. I. González Faus. Sociedad Argentina de Teología, 383-398.
  • Moore, M. P. (2013). La fe, camino de humanización. Aportes desde la teología de J. I. González Faus en el Año de la fe. Revista Latinoamericana de Teología, 451-481.
  • Moore, M. P. (2024). Teología Fundamental: Creer lo creíble. Documento de Actualización en Teología sistemática I, CEBITEPAL (CELAM).

Autor Lic. Roy Cisneros Sánchez, MAEd.

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