¿Abraham recibió a la Trinidad bajo las encinas de Mamré?
Autor Santiago F. Garavaglia
¿Abraham recibió a la Trinidad bajo las encinas de Mamré?
El relato bíblico no comienza diciendo que Abraham recibió a tres ángeles ni que contempló anticipadamente el misterio de la Trinidad. Comienza con una afirmación mucho más directa y, al mismo tiempo, desconcertante: YHWH se le apareció junto a las encinas de Mamré, mientras él estaba sentado a la entrada de la tienda, al calor del día. Alzó sus ojos y vio que había tres hombres de pie junto a él. Cuando los vio, corrió a su encuentro desde la entrada de la tienda, se postró en tierra y pidió que no pasaran de largo junto a su servidor.
Mamré era un lugar de la región de Hebrón donde Abraham había levantado su tienda y construido un altar. El hebreo habla de los eloné Mamré, término que puede referirse a encinas, robles, terebintos o, más ampliamente, a grandes árboles. La identificación botánica no es completamente segura, aunque la expresión encinas de Mamré se volvió tradicional en numerosas traducciones.
Desde la primera frase, el narrador entrega al lector una información que Abraham todavía no parece poseer. Quien se manifiesta es YHWH, pero lo que Abraham ve son tres hombres. No se explica cómo aparecieron ni de dónde llegaron. Simplemente están allí, cerca de la tienda, bajo el calor intenso del día.
Abraham corre hacia ellos y se inclina hasta tocar la tierra. Este gesto no demuestra por sí solo que ya los reconozca como seres divinos. En el antiguo Cercano Oriente, postrarse podía expresar reverencia religiosa, pero también respeto ante un visitante o una persona de rango elevado.
La ambigüedad del relato y la extrema hospitalidad
La forma en que los saluda introduce otra ambigüedad. El texto consonántico hebreo permite leer mi señor o Señor. Los masoretas, escribas judíos que siglos más tarde incorporaron signos vocálicos para conservar la pronunciación tradicional, vocalizaron la palabra como Adonai, denominación habitualmente reservada para Dios. Sin embargo, Abraham continuará hablando unas veces en singular y otras en plural. Esa oscilación no será corregida por el narrador.
La rapidez domina toda la escena. Abraham corre, Sara debe apresurarse y el servidor prepara inmediatamente el animal. El anciano patriarca, sentado pocos momentos antes bajo el calor del día, se convierte en servidor de unos desconocidos.
También existe una diferencia deliberada entre lo que promete y lo que finalmente ofrece. Abraham habla de un bocado de pan, pero ordena preparar tres seás de harina fina, más de veinte litros, una cantidad desmesurada propia de un banquete multitudinario. El relato utiliza esta cifra para destacar la extrema hospitalidad y generosidad de Abraham hacia sus misteriosos visitantes. Manda sacrificar un ternero y sirve además cuajada y leche, convirtiendo la modesta invitación en un banquete.
Lavar los pies era una atención necesaria para quienes viajaban por caminos polvorientos usando sandalias. Reposar bajo un árbol permitía protegerse del sol. Fortalecer el corazón es una expresión hebrea que significa recuperar las fuerzas mediante el alimento. La hospitalidad no aparece aquí como un sentimiento abstracto, sino como agua, sombra, comida, descanso y servicio.
El relato añade que los visitantes comieron. No dice que fingieran hacerlo ni intenta explicar cómo seres enviados por Dios podían compartir alimentos humanos. La narración los presenta bajo la apariencia concreta de viajeros que aceptan la mesa de Abraham. Más adelante, las tradiciones judías y cristianas intentarán comprender quiénes eran y qué significaba aquella comida, pero el Génesis se limita a decir que comieron.
La promesa del hijo y la risa de Sara
Entonces la conversación cambia inesperadamente. Los tres hombres preguntan por Sara y, acto seguido, uno solo toma la palabra para anunciar que regresará el año próximo y ella tendrá un hijo. El texto no aclara cuál de los visitantes habla ni por qué puede prometer personalmente aquello que solo Dios podría realizar.
La expresión hebrea traducida como al tiempo de la vida, kaet jayá, resulta difícil de reproducir literalmente. Señala el retorno de un ciclo vital y suele entenderse como por esta misma época, el año próximo. La promesa no queda situada en un futuro indefinido, sino que establece que en un año Sara tendrá un hijo.
Los visitantes tampoco preguntan quién es Sara. Conocen su nombre, saben que es la esposa de Abraham y anuncian lo que ocurrirá en su cuerpo. Sara permanece dentro de la tienda, pero escucha una conversación que parece dirigida también hacia ella. La promesa que Abraham había recibido se convierte ahora en una palabra que alcanza directamente a la mujer de cuya fecundidad depende su cumplimiento.
Abraham y Sara eran ancianos, avanzados en días, y había cesado para Sara el camino de las mujeres, un eufemismo hebreo para referirse a la menstruación. El narrador no deja dudas acerca de la imposibilidad humana de la promesa, ya que ella había superado la etapa de la vida en que podía concebir.
La reacción de Sara no debe reducirse a una simple burla contra Dios. Se ríe en su interior, quizá porque la promesa resulta absurda después de tantos años de esterilidad. Su pregunta contiene dolor, ironía y asombro. La palabra edná, traducida como placer, puede expresar deleite, vitalidad o disfrute. Sara no piensa solamente en el embarazo, sino que se pregunta si todavía puede recuperar la intimidad y la fecundidad propias de una vida que consideraba concluida.
La respuesta divina modifica sutilmente sus palabras. Sara había mencionado su propio desgaste y la vejez de Abraham. YHWH, al repetir lo que ella dijo, conserva únicamente la referencia a la vejez de Sara. La tradición judía prestará especial atención a este cambio y llegará a interpretarlo como una delicadeza divina destinada a no provocar un conflicto entre los esposos.
La pregunta sobre si hay algo demasiado maravilloso para YHWH contiene el verbo hebreo palá, relacionado con aquello que resulta excepcional o humanamente inexplicable. No pregunta solamente si algo es difícil para Dios, sino si existe alguna realidad tan extraordinaria que pueda quedar fuera de su acción.
La risa atraviesa toda la historia del nacimiento de Isaac. Abraham ya había reído al escuchar que tendría un hijo con Sara. Ahora ríe ella. El nombre Isaac, Yitsjaq en hebreo, significa él ríe o él hará reír. Cuando finalmente nazca, Sara afirmará que Dios le ha hecho reír y que cuantos conozcan la noticia reirán con ella, transformando la risa incrédula en alegría.
Interpretaciones del misterio: Lectura judía y cristiana
La escena concluye sin resolver explícitamente la identidad de los visitantes. El narrador comenzó diciendo que YHWH se apareció a Abraham, pero Abraham vio tres hombres. Los visitantes hablaron unas veces en plural y otras en singular. Uno de ellos anunció que volvería, mientras que el texto terminó identificando como YHWH a quien había escuchado la risa interior de Sara.
Cuando el relato continúe, dos de aquellos hombres llegarán a Sodoma y serán llamados ángeles, es decir, mensajeros enviados por Dios. Abraham, entretanto, permanecerá ante YHWH y dialogará con él acerca del destino de la ciudad. Génesis no ofrece una explicación sistemática de esta relación, sino que conserva la extrañeza.
La lectura judía y la hospitalidad de Abraham
La tradición judía no entiende que los tres visitantes sean las tres personas de la Santísima Trinidad. La lectura rabínica los identifica generalmente como ángeles o mensajeros enviados por Dios, cada uno encargado de una misión específica.
El Talmud de Babilonia los llama Miguel, Gabriel y Rafael. En esa tradición, Miguel anuncia el nacimiento de Isaac, Rafael cura a Abraham y Gabriel participa en el juicio contra Sodoma. La idea común es que un mensajero no cumple arbitrariamente varias tareas, sino que cada uno realiza el encargo recibido de Dios. Para esta lectura, los visitantes no son tres personas divinas, sino enviados mediante los cuales actúa el único Dios.
¿Una figura de la Trinidad?
Muchos cristianos contemplaron en los tres visitantes una figura de la Trinidad. Sin embargo, esto no significa que el autor de Génesis conociera ya la formulación cristiana de un solo Dios en tres personas, ni que Abraham supiera conscientemente que estaba recibiendo al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
La lectura trinitaria es tipológica. La tipología es una forma cristiana de releer acontecimientos, personas o instituciones del Antiguo Testamento como figuras de realidades que alcanzaron una manifestación más plena en Cristo. Génesis 18 no demuestra exegéticamente la Trinidad, sino que esta lectura pertenece a la recepción cristiana del relato.
Tampoco todos los autores cristianos antiguos lo interpretaron de la misma manera. Justino Mártir entendió que uno de los visitantes era una manifestación previa del Verbo de Dios, acompañado por dos ángeles. Agustín pudo presentar a los tres como ángeles mediante los cuales Dios se manifestó y, en otro contexto, considerar que su igualdad visible permitía contemplar simbólicamente la igualdad de las tres personas divinas.
La fe cristiana confiesa un solo Dios en tres personas realmente distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. La unidad no anula la diferencia, y la diferencia no divide la única divinidad. Por esa razón, una escena donde aparecen tres figuras dentro de la manifestación del único YHWH resultó especialmente sugerente para la contemplación cristiana.
Rublev y la mesa abierta
La interpretación trinitaria alcanzó una de sus expresiones más bellas en el icono de La Trinidad, de Andréi Rublev, un monje y pintor ruso activo entre finales del siglo XIV y comienzos del XV. Dentro del cristianismo oriental, un icono no es simplemente un cuadro decorativo, sino una imagen religiosa destinada a la oración y la contemplación.
Rublev tomó la escena de la Hospitalidad de Abraham, pero dejó fuera a Abraham y Sara. También redujo el banquete y concentró la composición en los tres visitantes sentados alrededor de una mesa. Detrás de ellos permanecen algunos elementos del relato, como una casa, un árbol y una montaña. Los cuerpos se inclinan unos hacia otros y las tres figuras forman una composición serena y casi circular.
Rublev no se limitó a ilustrar una comida bajo un árbol, sino que transformó la hospitalidad de Abraham en una contemplación de la comunión divina. La mesa parece abierta hacia quien observa, disposición que ha sido leída con frecuencia como una invitación a entrar en la escena. Abraham había abierto su tienda a los visitantes; en el icono, la dirección parece invertirse y ahora es Dios quien abre su mesa al ser humano.
De la tienda a la morada
La tienda de Abraham era una vivienda móvil, frágil y provisoria. Podía levantarse, desmontarse y trasladarse. Era hogar, pero también recordatorio de que el patriarca seguía siendo peregrino.
El Evangelio de Juan utiliza otra imagen cuando Jesús dice que en la casa de su Padre hay muchas moradas y que va a prepararles un lugar. El término griego moné significa morada, residencia o lugar donde alguien permanece. En el mismo capítulo vuelve a aparecer cuando Jesús afirma que el que lo ama guardará su palabra, y el Padre lo amará, vendrán a él y harán morada en él.
Juan 14 no fue escrito como un comentario directo de Génesis 18, pero el vínculo resulta fecundo. En Mamré, Abraham abre una tienda temporal para recibir a Dios. En Juan, Dios abre su casa al ser humano y hace del propio creyente su morada. Abraham ofrece sombra, agua y pan; Jesús promete una comunión estable. El patriarca hospeda a Dios durante una comida; Dios promete permanecer en quien recibe y guarda la palabra de su Hijo.
Conclusión: Leer sin confundir
Las distintas interpretaciones no deben mezclarse como si hubieran surgido al mismo tiempo. El sentido narrativo de Génesis habla de una aparición de YHWH mediante tres visitantes. La tradición judía desarrolló la identidad de esos mensajeros, los cristianos antiguos produjeron lecturas angélicas, cristológicas y trinitarias, y Rublev transformó una de esas recepciones en contemplación visual.
Respetar esas diferencias permite un diálogo judeocristiano más honesto. El cristiano puede contemplar una figura de la Trinidad en Mamré sin afirmar que esa fuera la intención consciente del autor antiguo. Génesis 18 pertenece primero a la Biblia de Israel, y la interpretación trinitaria surgió dentro de una recepción cristiana posterior.
El episodio conserva una enseñanza que precede a todas esas discusiones: Abraham no recibe primero una explicación teológica para decidir después si vale la pena ayudar. Corre hacia los extranjeros antes de saber quiénes son, porque la revelación llega en medio de un gesto concreto de acogida.
Bajo las encinas de Mamré, Abraham ofreció a tres desconocidos el refugio frágil de su tienda. A cambio, recibió la promesa de un hijo cuya existencia parecía imposible. La tienda de Mamré era provisoria, pero la comunión prometida por Cristo no lo es. El relato comienza con un hombre que abre su casa a Dios y termina abriendo la posibilidad de que Dios haga del ser humano su propia casa.

Autor Santiago F. Garavaglia

Hermoso artículo Santiago