EL REGRESO A LA TIERRA DE LA NADA ¿DÓNDE SE ESCONDEN LOS INVISIBLES DE NUESTRO TIEMPO?
Autor Lic. Roy Cisneros Sánchez, MAEd.
¿Es posible que nuestras ciudades modernas, con su deslumbrante arquitectura, su conectividad digital y sus discursos sobre inclusión, alberguen espacios de absoluto olvido donde la dignidad humana es borrada sistemáticamente?
¿Por qué la historia humana insiste en trazar fronteras invisibles pero infranqueables para confinar a los quebrantados, a los que no producen y a los que estorban la estética del éxito contemporáneo?
Al adentrarnos en las crónicas de la monarquía unificada de Israel, la geografía bíblica nos confronta con un nombre extraño y áspero: Lo Debar. Habitualmente leemos este paraje como un simple refugio temporal en el mapa del Antiguo Testamento, un escondite rústico para un príncipe caído. Sin embargo, un análisis exegético y hermenéutico riguroso nos obliga a plantearnos preguntas mucho más punzantes.
¿Y si Lo Debar no fuera solo un punto geográfico de la Transjordania del siglo décimo antes de Cristo, sino una categoría existencial y social que sigue plenamente activa en pleno siglo veintiuno? Desaprender la lectura puramente histórica de estos relatos nos permite descubrir que la tierra de la mudez está más cerca de nosotros de lo que quisiéramos admitir, interpelando las bases de nuestra convivencia colectiva y la autenticidad de nuestra fe.
El camino de las asnas de Saúl: el vidente de aldea y el portavoz de la alianza
La andadura exegética debe comenzar situando el hecho histórico y literario que la Escritura nos presenta en el segundo libro de Samuel. Tras la violenta caída de la dinastía de Saúl en las cumbres de Gelboé, la supervivencia de los descendientes del antiguo monarca se convirtió en una imposibilidad política. En medio del pánico de la huida, el pequeño Mefiboset, de apenas cinco años de edad, sufre una caída que lo dejará tullido de ambos pies para el resto de sus días, como registra con dolorosa precisión el texto sagrado en 2 Samuel 4, 4. Para salvarlo de las purgas dinásticas, el heredero es ocultado en la periferia de la geografía palestina, específicamente en casa de Maquir, en un enclave transjordano conocido como Lo Debar.
La inferencia racional de este asentamiento revela una densidad semántica extraordinaria. En la lengua hebrea, el topónimo Lo Debar (לוֹ דְבָר: tierra del silencio, sin pastos o de la nada) se compone de la partícula negativa lo y del sustantivo dabar (דָּבָר: palabra, asunto o acontecimiento). Por consiguiente, Lo Debar es literalmente el no-lugar, la tierra donde no hay palabra, donde reina el silencio absoluto. Para sobrevivir a la maquinaria de seguridad del nuevo imperio de David, Mefiboset debe pagar el precio del anonimato y la mudez civil. Ser tullido y habitar en la tierra de la nada era su única garantía de respiración.
El giro del relato acontece en el capítulo noveno, cuando David, consolidado en su trono, inquiere si queda algún sobreviviente de la casa de Saúl para aplicar con él la hesed (חֶסֶד: lealtad de pacto o misericordia) prometida a su entrañable amigo Jonatán. Al traer al tullido al palacio de Jerusalén y sentarlo a su propia mesa, la teología oficial y las lecturas piadosas celebran la magnanimidad real.
No obstante, la lógica del poder en el antiguo Oriente sustenta una hipótesis interpretativa mucho más descarnada: la mesa de David es un sofisticado mecanismo de vigilancia. Hospedar al último pretendiente legítimo del norte no es un acto de pura compasión, sino una neutralización geopolítica. Mefiboset es arrancado de su exilio para ser confinado a una jaula de oro donde comerá el pan del rey mientras contempla diariamente cómo las tierras de su linaje son administradas por siervos de la corona, como el sagaz Sibá, quien posteriormente no dudará en calumniarlo para arrebatarle su herencia en 2 Samuel 16, 1-4. Mefiboset expresa esta amarga conciencia de despojo al postrarse ante el soberano y definirse a sí mismo mediante la dramática fórmula keleb met (כֶּלֶב מֵת: perro muerto) en 2 Samuel 9, 8. Sabe que en Jerusalén sigue estando privado de dabar, es decir, de palabra y de autonomía real.
La revelación en tres voces: Roeh, Hozeh y Nabi
Traer el doloroso exilio de Lo Debar al corazón del siglo veintiuno constituye un urgente ejercicio de hermenéutica socrática y liberación teológica. Al contemplar la realidad de nuestras sociedades latinoamericanas y globales, descubrimos que los desiertos de la mudez se han multiplicado. El Lo Debar contemporáneo no está en una estepa lejana; está en los cordones de miseria que rodean nuestras grandes metrópolis, en los guetos de exclusión donde son hacinados los migrantes desprovistos de derechos civiles, en los asilos donde se archiva la vejez que ya no es productiva, y en los pabellones de las prisiones donde los jóvenes de las periferias son despojados de todo porvenir.
El sistema económico y social del siglo veintiuno, que idolatra el consumo y el rendimiento individual, ha creado su propio código de pureza pragmática. Aquellos que, como Mefiboset, portan en su propio cuerpo las marcas de la fragilidad, el desempleo o la vulnerabilidad social, son confinados a la insignificancia. Se les quita la palabra, se les niega el dabar. Son los invisibles del asfalto, obligados a sobrevivir en el silencio para no perturbar el transcurrir de una sociedad de rascacielos y escaparates brillantes.
Frente a esta realidad, las instituciones políticas y, lamentablemente, muchas de nuestras comunidades de fe, replican con alarmante fidelidad la estrategia cortesana de David. Ofrecemos mesas de asistencia paternalista, programas de caridad que calman las conciencias de las élites pero que mantienen a las víctimas en una eterna dependencia y sumisión, sin devolverles jamás la soberanía de sus vidas ni la propiedad de su tierra. Es la tentación de la falsa piedad que prefiere dar una limosna antes que hacer justicia.
El Dios de la vida que se revela en las Escrituras exige una conversión radical de esta mirada. La auténtica fe madura y comprometida no se sacia con sentar al pobre a la mesa del palacio para vigilarlo y controlar su resistencia; exige el ejercicio pleno del mishpat (מִשְׁפָּט: justicia equitativa o derecho restaurativo) y de la tzedakah (צְדָקָה: rectitud relacional o justicia de la alianza), defendiendo activamente el derecho del huérfano, de la viuda y del forastero, como nos recuerda la legislación de Deuteronomio 10, 17-19.
El enfrentamiento con la falsa seguridad en nuestro presente
La andadura por este dístico geográfico de la exclusión aporta un bálsamo de profunda honestidad intelectual y sanación espiritual para el creyente actual. Desaprender la idealización de las cortes de Jerusalén y descubrir la voz silenciada del tullido de Lo Debar nos cura de la neurosis de una fe triunfalista y cómplice de los sistemas de opresión. Nos demuestra que el Creador no habita en las cúpulas de la impunidad cortesana, sino en los márgenes de la historia, acompañando el caminar de aquellos a quienes el mundo ha dejado sin pasto y sin palabra.
La paz intelectual y el crecimiento interior brotan cuando comprendemos que la fe adulta no nos pide someternos con temor ante las mesas de control que nos imponen los poderes de turno. Nos convoca, con la frescura liberadora del evangelio, a ser artesanos de una nueva sociedad donde ya no existan espacios de olvido ni tierras de silencio. Creer con más inteligencia es tener la audacia ética de levantar la voz junto a los mudos de nuestro tiempo, transformando cada Lo Debar de exclusión en un territorio de encuentro, dignidad y esperanza compartida, donde la vida plena prometida por el Padre sea finalmente el pan de cada día para todos sus hijos.
NOTAS EXEGÉTICAS Y FILOLÓGICAS
- Lo Debar (لوֹ דְבָר: tierra del silencio, sin pastos o de la nada): Región de aridez extrema situada al este del río Jordán, que en la geografía teológica de Samuel simboliza el espacio de aislamiento físico, social y civil donde son relegados los vencidos de la historia para anular su identidad y su influencia.
- Dabar (דָּבָר: palabra, asunto o acontecimiento): Concepto hebreo de inmensa riqueza que trasciende la mera fonación lingüística. El dabar es una palabra dinámica y creadora que produce historia, por lo que carecer de ella equivale a la inexistencia social y a la mudez ante los tribunales del poder.
- Hesed (חֶסֶד: lealtad de pacto, misericordia o amor comprometido): Actitud ética y religiosa que fundamenta las relaciones de la alianza bíblica, implicando una fidelidad activa que busca el bien del otro más allá de los dictámenes de la ley o el interés personal.
- Keleb met (כֶּלֶב מֵת: perro muerto): Fórmula de autodesprecio utilizada por Mefiboset ante David que refleja el trauma de la sumisión impuesto por las estructuras monárquicas absolutas, donde el subalterno debe despojarse de su dignidad para poder conservar la vida biológica.
- Mishpat (מִשְׁפָּט: justicia equitativa o derecho restaurativo): Criterio ético-profético del Antiguo Testamento que exige la defensa incondicional y la restitución de los derechos de las poblaciones más vulnerables e indefensas del entramado social, como la viuda, el huérfano y el inmigrante.
- Tzedakah (צְדָקָה: rectitud relacional o justicia de la alianza): Conducta transparente y fiel que responde con gratuidad a las exigencias de la alianza con Dios, manifestándose en la edificación de relaciones sociales justas y equilibradas, libres de toda explotación o dominio egoísta.
- Biblia de Jerusalén: Las citas textuales y las referencias exegéticas correspondientes a la historia de Mefiboset y a la legislación del Deuteronomio han sido cotejadas directamente con la versión de la Biblia de Jerusalén.
BIBLIOGRAFÍA GENERAL
- Charpentier, E. (1979). Para leer el Antiguo Testamento. Editorial Verbo Divino.
- Pikaza Ibarrondo, X. (2015). Historia de Jesús. Editorial Verbo Divino.
- Sicre Díaz, J. L. (2002). Guía espiritual del Antiguo Testamento. Editorial Verbo Divino.
- Verkindere, G. (2001). La justicia en el Antiguo Testamento (Cuadernos Bíblicos 105). Editorial Verbo Divino.
- Wénin, A. (2005). Samuel, juez y profeta (Cuadernos Bíblicos 89). Editorial Verbo Divino.

Autor Lic. Roy Cisneros Sánchez, MAEd.
