EL NACIMIENTO DE LA BIBLIA MEDITERRÁNEA: LA SEPTUAGINTA COMO EL PRIMER GRAN COMPLOT DE TRADUCCIÓN E INTERPRETACIÓN
Autor Lic. Roy Cisneros Sánchez, MAEd.
La leyenda de la isla de Faros y la Biblia portátil
Para comprender el impacto de este hito, debemos viajar al siglo tercero antes de Cristo en la cosmopolita Alejandría. Los judíos de la diáspora, plenamente helenizados, ya no comprendían la lengua hebrea de sus ancestros, pero necesitaban desesperadamente mantener su identidad y leer la Torá en sus liturgias sinagogales.
La leyenda posterior, plasmada de forma sumamente sugerente en la famosa Carta de Aristeas, relata que el rey Ptolomeo II Filadelfo, deseoso de incorporar la sabiduría judía a la célebre Biblioteca de Alejandría, solicitó al sumo sacerdote de Jerusalén el envío de ancianos competentes para traducir la Ley al griego. Setenta y dos sabios se instalaron en la isla de Faros y, tras setenta y dos días de trabajo independiente, produjeron setenta y dos copias idénticas, lo que manifestaba para la comunidad el carácter plenamente inspirado y sagrado de aquella obra.
Detrás de este hermoso ropaje legendario se esconde un Hecho histórico trascendental: la fe judía salía de sus estrechos límites nacionales para convertirse en un patrimonio universal gracias a la adopción del griego, la lengua común o koiné (κοινή: común) del Mediterráneo.
Cuando traducir significa re-escribir la revelación
Al aplicar el análisis exegético y filológico, descubrimos que los traductores de los Setenta se comportaron como verdaderos teólogos y no como simples copistas. Ellos comprendieron que traducir no es buscar equivalencias mecánicas de un diccionario, sino poner un texto en presente, haciéndolo contemporáneo de la asamblea que lo escucha.
Este esfuerzo de explicitación y acomodación cultural se hace evidente en sutiles pero profundos desplazamientos de sentido:
- Génesis: Mientras el texto masorético afirma que la tierra antes de la creación era tohu wa-bohu (תֹּהוּ וָבֹהוּ: yermo y vacío), el traductor de los Setenta prefiere verterlo como invisible y desorganizada. Al emplear categorías de corte filosófico, la traducción alejandrina dialoga directamente con la cosmología helenista de su tiempo para hacer comprensible el misterio de la creación.
- Isaías: El caso más célebre y con mayor repercusión para el cristianismo primitivo se encuentra en el libro de Isaías. Mientras el texto hebreo de Isaías 7, 14 utiliza la palabra almah (עַלְמָה: mujer joven, en edad de procrear, sin especificar si es virgen o no), los Setenta decidieron traducir dicho término por parthenos (παρθένος: virgen). Al hacerlo, introdujeron una interpretación mesiánica deslumbrante sobre el nacimiento del Salvador, que serviría posteriormente como el fundamento lingüístico y teológico utilizado por la escuela de Mateo para narrar el nacimiento de Jesús de Nazaret.
Asimismo, en el ámbito de la esperanza futura, pasajes que en hebreo hablaban sencillamente del sepulcro o de la muerte física, en el texto griego de los Setenta se abren a la esperanza de la resurrección y de la victoria sobre la corrupción de la carne, forjando el andamiaje con el que san Pablo estructuraría su teología pascual.
El gran divorcio entre la sinagoga y la iglesia
La suerte histórica de la Septuaginta es una de las mayores paradojas del mundo antiguo. Aunque nació como una obra plenamente judía, fue el cristianismo naciente el que la adoptó de inmediato como su propia Biblia. Los autores del Nuevo Testamento, que escribieron íntegramente en griego, no citaban la Biblia hebrea, sino la traducción de los Setenta.
En ella encontraron los conceptos capitales para enunciar su fe: el mesías hebreo se convirtió en christos (χριστός: ungido), el anuncio de liberación se transformó en euangelion (εὐαγγέλιον: buena noticia) y la justicia de la alianza se tradujo como dikaiosyne (δικαιοσύνη: rectitud relacional).
Ante este éxito arrollador y al ver que los misioneros cristianos utilizaban los Setenta para demostrar que Jesús era el Mesías prometido, el judaísmo rabínico del siglo segundo reaccionó con fuerza. Los rabinos decidieron replegarse sobre el texto hebreo consonántico, rechazando la versión griega a la que llegaron a calificar de nefasta. El Talmud llegó a prescribir un día de ayuno para recordar la traducción de los Setenta, afirmando de manera dramática que el día en que la Torá se escribió en griego las tinieblas cubrieron la tierra, comparando este acontecimiento con el pecado del becerro de oro.
Para sustituirla en las comunidades judías de habla griega, encargaron nuevas traducciones sumamente literales y polémicas, como la de Aquila, quien reemplazó sistemáticamente el término parthenos (virgen) de Isaías por neanis (νεᾶνις: joven), intentando desactivar la exégesis de los evangelistas.
Nuestro puente hermenéutico: traducir para dar vida
Al contemplar la historia de los Setenta, descubrimos una lección sumamente sanadora para nuestra labor pastoral en América Latina. La Septuaginta nos demuestra que la Palabra de Dios no está encadenada a una sola lengua, a una sola cultura o a una fórmula inmutable del pasado. El Creador se complace en cruzar las fronteras de nuestros idiomas y de nuestras culturas para hacerse cercano a la vida de la gente común.
Hacer exégesis hoy, con alma y vida, es continuar la labor de aquellos setenta y dos sabios de Alejandría: traducir el evangelio de la gracia y de la justicia al lenguaje cotidiano, herido y esperanzado de nuestras comunidades, permitiendo que la fe hable en presente y de-construya los literalismos que asustan para devolvernos la alegría del encuentro con el Emmanuel.
BIBLIOGRAFÍA ACADÉMICA CONSULTADA
- Charpentier, E. (1981). Para leer la Biblia. Editorial Verbo Divino.
- Cousin, H. (1992). La Biblia griega. Los Setenta (Cuadernos Bíblicos 21). Editorial Verbo Divino.
- Paul, A. (1983). Inspiración y canon de las Escrituras (Cuadernos Bíblicos 49). Editorial Verbo Divino.
- Paul, A. (1984). Intertestamento (Cuadernos Bíblicos 12). Editorial Verbo Divino.
- Trebolle Barrera, J. (1998). La Biblia judía y la Biblia cristiana. Editorial Trotta.

Autor Lic. Roy Cisneros Sánchez, MAEd.
