👤 Espacio de Reflexiones de la Comunidad

Un lugar de expresión y diálogo abierto

Invitamos a los alumnos y miembros de nuestra comunidad a compartir sus textos, ensayos, opiniones, historias de vida y reflexiones en torno a las temáticas que nos convocan. Para preservar la naturaleza de este espacio, nos guiamos por los siguientes principios básicos:

  • Autoría Propia: Cada escrito debe ser una creación original e inédita del autor que lo firma.
  • Diversidad de Formatos: Se reciben tanto reflexiones académicas como opiniones personales, ensayos breves y aportes que enriquezcan el intercambio de ideas.
  • Independencia de Criterio: La Fundación para el Diálogo entre la Ciencia y la Fe promueve la libre expresión como camino hacia el conocimiento. Por consiguiente, las opiniones aquí vertidas son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no representan necesariamente el aval, la postura institucional o el pensamiento oficial de la Fundación.

¿Cómo supo Marcos lo que sentía Jesús? Análisis a Marcos 10, 27-31

Si hay un episodio en los Evangelios que nos ha cautivado desde niños, es el encuentro de Jesús con el hombre rico. Y digo «hombre rico» a propósito, porque el Evangelio de Marcos no dice en ninguna parte que fuera joven; es Mateo a quien se le ocurrió añadirle ese detalle casi diez años después.

El relato original cuenta que un hombre corrió hacia Jesús, se arrodilló y le preguntó qué debía hacer para heredar la vida eterna. Jesús le recordó los mandamientos, a lo que el hombre respondió con total honestidad: “Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud”. Es en ese preciso instante donde San Marcos añade una frase conmovedora, exclusiva de su Evangelio: “Jesús, fijando en él su mirada, lo amó”.

Cualquier lector con una mente inquieta, al detenerse en esta escena, se topará con un gran problema: ¿Cómo sabía el evangelista Marcos lo que Jesús sintió en su corazón en ese preciso segundo? El amor es un sentimiento profundamente íntimo. En la Palestina del siglo I no había cámaras fotográficas para registrar el brillo de ternura en los ojos del Maestro, ni Jesús llevaba un diario íntimo donde dejó anotadas sus emociones de aquella tarde.

Para resolver este enigma sin caer en explicaciones infantiles, debemos «aprender a desaprender» y buscar las pistas en los hechos mismos, empezando por el idioma original en el que se escribió el texto.

En nuestro idioma usamos la palabra «amor» para todo, lo mismo para amar a Dios que a un plato de comida. Pero los griegos eran mucho más precisos y tenían cuatro verbos distintos. Tenían el amor pasional (erao (ἔραω)), el afecto familiar (stergo (στέργω)), el cariño de amistad (fileo (φιλέω)) y, finalmente, un amor incondicional y liberador que se demuestra con acciones concretas buscando el bien supremo del otro (agapáo (ἀγαπάω)). El dato revelador es que Marcos no utilizó la palabra fileo (φιλέω); no nos dice que Jesús sintió una simple simpatía amistosa porque el hombre era bueno. El evangelista escribió explícitamente que Jesús lo amó con un amor agapáo (ἀγαπάω).

¿Por qué Marcos eligió exactamente esa palabra?

La respuesta nos lleva a deducir lógicamente la verdadera intención del autor. Marcos no estaba escribiendo una crónica periodística exacta ni una biografía moderna. Estaba haciendo teología narrativa. Alrededor del año 70, él escribía para una comunidad cristiana en Roma que estaba sufriendo terribles persecuciones. Aquellos primeros creyentes, asustados y acorralados, necesitaban entender por qué seguir a Jesús exigía a veces dejarlo todo, incluso los bienes y la propia vida.

Al incluir esta mirada de amor, Marcos les está enviando un mensaje directo: la exigencia radical de Jesús (vender los bienes y dárselos a los pobres) no es el castigo de un Dios tirano. Nace de una mirada de amor absoluto que busca desatar al ser humano de sus ataduras para hacerlo verdaderamente libre.

La prueba más contundente de que este hermoso detalle fue un recurso teológico de Marcos, y no un registro histórico exacto, es lo que ocurrió años después. Cuando Mateo y Lucas copiaron esta misma historia para sus propios libros, ¡eliminaron la frase «y Jesús lo amó»! Si hubiera sido un hecho histórico inamovible, jamás se habrían atrevido a borrarlo. Lo omitieron simplemente porque sus comunidades tenían otras necesidades y ese recurso ya no les era indispensable.

Descubrir esto no debe poner en duda la información que nos suministra Marcos, ni hacernos sentir que perdemos a Dios. Todo lo contrario. Nos ayuda a ordenar nuestra fe y a distinguir tres rostros de Jesús que a menudo solemos confundir:

El Jesús Real: Es el hombre de carne y hueso que caminó por Galilea, cuyos sentimientos íntimos de cada segundo nos son inaccesibles. Representa la persona integral de Jesús, tal cual existió en su vida cotidiana antes de su ministerio. Es la figura inalcanzable en su totalidad histórica.

El Cristo de la Fe: Esta es la bellísima interpretación que Marcos adorna literariamente para consolar a su comunidad. Se refiere a la figura que surge de la respuesta de fe de los primeros discípulos, a la reflexión teológica posterior a su muerte. Aunque algunos lo confundan con el «Jesús Celestial,» el Cristo de la fe es la vivencia de Jesús que se encuentra en los Evangelios y que busca inspirar la práctica de los creyentes.

El Jesús Histórico: Es el Jesús que podemos reconstruir a partir de los datos bíblicos, aislando el inmenso impacto que dejó y los hechos que son coherentes con su contexto judío. Este rostro nos permite entender su humanidad plena, su conciencia y sus sentimientos, siendo la base histórica necesaria para una fe auténtica.
Si Marcos pinta a un Jesús que exige un desprendimiento absoluto por amor, está revistiendo de teología un rasgo auténtico del verdadero Jesús: su desconcertante radicalidad y su pasión por los marginados.

La ciencia bíblica no destruye el texto, le quita sus gruesas capas de barniz. El relato de Marcos 10, 17-31 no nos abre una ventana biológica al cerebro de Jesús en aquel momento, pero nos revela una verdad muchísimo más profunda y eterna: que las exigencias más difíciles del Evangelio nunca brotan de una ley fría, sino de la mirada de un Dios que nos quiere libres.

Entender esto es lo que nos permite, al final de nuestra búsqueda, creer con más fuerza que antes, pero en menos cosas que antes.

La Hermenéutica de una Mirada

Habiendo «limpiado los lentes» a través del método histórico y exegético, hemos descubierto que Marcos no intentó hacernos una crónica psicológica de Jesús, sino dejarnos un mensaje teológico: las exigencias del Evangelio nacen de un amor que libera (agapáo (ἀγαπάω)).

La ciencia bíblica quedaría incompleta si fuera solo un ejercicio de arqueología intelectual. Nuestro objetivo es traer ese mensaje de la comunidad romana del siglo I a nuestra propia vida en el siglo XXI, haciendo accesible el conocimiento profundo que libera.

La trampa de leer la Biblia para nosotros mismos

Solemos abrir las Escrituras buscando respuestas mágicas a nuestros problemas modernos. Sin embargo, los evangelios no fueron escritos para nosotros. Marcos pensaba en sus hermanos de Roma que sufrían persecución, no en nosotros. Pero, maravillosamente, una vez que descubrimos qué quiso decirles el autor a ellos (la exégesis), la Palabra cobra vida y nos interpela directamente a nosotros hoy (la hermenéutica). Si a aquella comunidad asustada Marcos le recordó que Dios los miraba con amor antes de pedirles un sacrificio, ¿qué nos está diciendo a nosotros cuando nos sentimos atados?Nuestras propias «riquezas»

El hombre del relato bíblico era rico en bienes materiales, y esa fue la atadura que le impidió dar el paso definitivo hacia la libertad que Jesús le ofrecía. Hoy, nuestras riquezas pueden tener otros nombres. Para muchos de nosotros, la «riqueza» a la que nos aferramos con uñas y dientes es nuestra fe tradicional, nuestra lectura literal de la Biblia, o esa religión infantil llena de dogmas inamovibles y miedos al castigo divino.

A veces somos como ese hombre: nos arrodillamos, cumplimos los mandamientos, vamos a misa o al culto dominical, no le hacemos mal a nadie y creemos que con eso basta. Pero cuando la vida o el estudio profundo de la Biblia nos invitan a soltar nuestras certezas absolutas, a cuestionar lo que nos enseñaron de niños y a «aprender a desaprender», sentimos el mismo vértigo que sintió aquel rico. Nos entristecemos y nos alejamos, porque nos da miedo soltar el control de lo que creíamos saber sobre Dios.

Sentir la mirada del Agapáo (ἀγαπάω)

La gran buena noticia (el verdadero Evangelio) de este pasaje es que Jesús no nos condena cuando nos cuesta soltar nuestras ataduras. El texto dice que Jesús fijó en él su mirada y lo amó.

Esa mirada atraviesa los siglos. Cuando entramos en crisis de fe al descubrir, por ejemplo, que los evangelios tienen contradicciones o que no todo lo que dice la Biblia es historia pura, Dios no nos mira con enojo ni con decepción. Nos mira con agapáo (ἀγαπάω): un amor profundo, incondicional y activo, que comprende nuestra angustia, pero que igual nos invita a dar un paso hacia la madurez. Nos pide que dejemos atrás la seguridad de nuestras viejas estructuras religiosas para abrazar la aventura de seguir al verdadero Jesús histórico.

Conclusión:
Un Dios que nos quiere libres

El esfuerzo de unir la ciencia histórica con la fe no es un camino para destruir nuestras creencias, sino para purificarlas. Descubrir que el relato de Marcos es una obra de teología narrativa no nos roba a Jesús; nos lo devuelve más humano, más real y más desafiante que nunca.

Cuando logramos armonizar la razón con la espiritualidad, entendemos que Dios no es un tirano que exige sacrificios absurdos, sino un Maestro que nos mira con una ternura infinita y nos invita a soltar nuestro exceso de equipaje dogmático. Al final de esta travesía, uno experimenta una profunda paz interior y descubre que es posible vivir una fe mucho más auténtica y tolerante. Es, en definitiva, llegar a esa hermosa y liberadora convicción: hoy creo con más fuerza que antes, pero en menos cosas que antes.

Bibliografía y Fuentes de Consulta

  1. Fuentes Bíblicas y Lingüísticas:
  • Biblia de Jerusalén (Nueva edición revisada). Desclée De Brouwer. (Utilizada como texto base por su rigor en la traducción de los textos originales hebreos y griegos).
  • Kittel, G., & Friedrich, G. Diccionario Teológico del Nuevo Testamento. (Obra de referencia lingüística utilizada para el análisis de los verbos griegos del amor en el dialecto koiné: agapáo, fileo, erao, stergo).

Bibliografía Académica y de Divulgación:

Álvarez Valdés, Ariel. ¿Qué sabemos de la Biblia? (Varios tomos). Ediciones San Pablo / Lumen.

Álvarez Valdés, Ariel. Enigmas de la Biblia. (Varios tomos). Ediciones San Pablo.

Pagola, José Antonio. Jesús: Aproximación histórica. Editorial PPC. (Obra fundamental para comprender la diferencia entre la teología de los evangelistas y el verdadero rostro del campesino de Galilea).

Apuntes y Material de Estudio:

Cisneros, Roy. Apuntes personales del Método H I Hyp (Hecho, Inferencia, Hipótesis). Desarrollo exegético propio.

Notas del curso «En busca del Jesús Histórico: Días previos a la Pasión». Dictado por el Dr. Ariel Álvarez Valdés, Fundación Diálogo.

Notas del curso «La vida pública de Jesús y el Reino de Dios». Dictado por el Dr. Ariel Álvarez Valdés, Fundación Diálogo.

AUTOR: Lic. Roy Cisneros

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