NOS HEMOS OLVIDADO LOS CRISTIANOS DE JESÚS?

EL PROFETA ECLIPSADO TRAS EL ESPLENDOR DE NUESTROS ALTARES

¿Te has detenido alguna vez, al contemplar la inmensidad de una catedral, la solemnidad de nuestros ritos o las interminables listas de normas morales, a preguntarte dónde quedó aquel humilde carpintero que caminaba descalzo por los polvorientos senderos de Galilea? ¿Acaso es posible que, a lo largo de veinte siglos de historia, los propios seguidores del Nazareno hayamos construido un edificio religioso tan inmenso que terminó por ocultar su verdadero rostro? En el corazón de muchas personas de nuestra época late una profunda decepción: buscan con sed un sentido para sus vidas y se acercan a nuestras comunidades, pero con demasiada frecuencia no encuentran el fuego humanizador del Evangelio, sino una institución envejecida, celosa del orden y aferrada a una doctrina fría.

Frente a esta crisis de credibilidad sin precedentes en nuestra cultura secular, al indagar en el origen de la fe en la Biblia, la pregunta más punzante y necesaria que podemos formularnos no es cómo modernizar nuestra propaganda, sino una muchísimo más radical: ¿A qué Cristo estamos siguiendo realmente en nuestro día a día?

De la revolución del Reino al monopolio de la doctrina

Para comprender esta desconcertante distancia entre el maestro y su propia obra, la teología moderna nos invita a realizar un ejercicio de inmensa honestidad histórica. El hecho empírico nos demuestra que Jesús de Nazaret no fue un sacerdote de la tribu de Leví dedicado a administrar rituales en el templo, ni un escriba obsesionado con enseñar verdades teóricas. Su pasión absoluta, aquello que movilizaba sus entrañas y dirigía cada uno de sus pasos, era la irrupción inminente de una realidad sanadora que el texto original denomina basileia (βασιλεία: reino, reinado o proyecto). Este reinado de Dios no era una promesa pasiva para después de la muerte, sino un movimiento histórico de justicia, compasión y dignificación, dirigido de manera preferencial a los marginados, los enfermos y los excluidos de su tiempo.

Sin embargo, al examinar nuestra evolución, la inferencia racional revela un desplazamiento sutil pero devastador. Como lo advierten peritos como José Antonio Pagola y el teólogo José María Díez-Alegría, a medida que la comunidad inicial se expandía y terminaba aliándose con las estructuras de poder del Imperio romano, la balanza se inclinó trágicamente. Pasamos de anunciar el reinado de Dios, que exigía transformar la sociedad, a centrarnos casi en exclusiva en la adoración celestial de la figura de Jesús. Al priorizar una cristología puramente descendente (enfocada solo en su naturaleza divina venida del cielo), convertimos al profeta vivo en un icono sagrado, majestuoso e intocable. El kerygma (κήρυγμα: anuncio o buena noticia) se transformó en un sistema de creencias rígido. Olvidamos sus exigencias de solidaridad radical y construimos una religión donde, trágicamente, resultó más fácil arrodillarse ante un Cristo glorioso que ensuciarse las manos levantando a los crucificados de nuestra propia historia.

El retorno al manantial para saciar la sed del presente

¿Qué resonancia tiene este hallazgo teológico para nuestra existencia cotidiana, en medio de una sociedad que parece haberle dado la espalda a la fe? Significa que nuestra misión no consiste en aplicar pequeños maquillajes de adaptación a la Iglesia, sino en emprender un viaje urgente y apasionante de regreso a las raíces. El reto más vital de nuestro tiempo es, simple y llanamente, volver a Jesús. Nos toca la valiente tarea de aprender a desaprender. Necesitamos soltar definitivamente aquellas imágenes de un Mesías domesticado, que funciona como un guardián del orden establecido y que exige obediencia ciega, para recuperar al profeta compasivo que abrazaba a los rotos, tocaba a los leprosos y compartía la mesa con los pecadores sin exigirles un certificado previo de buena conducta.

Volver a la fuente implica reconocer que la verdadera ortopraxis (el actuar correcto a favor del ser humano) se encuentra por encima de la ortodoxia fría (el simple pensar correcto). De nada sirve que nuestros labios proclamen los títulos divinos más hermosos si nuestras comunidades no funcionan como auténticos hospitales de campaña para los descartados de la sociedad moderna. Te invito a preguntarte en la quietud de tu conciencia: ¿Tu forma de vivir la religión te empuja hacia el dolor de tus hermanos con una mirada llena de misericordia, o te aísla en un pequeño y seguro círculo de personas que se consideran puras? El cristianismo adulto nos desafía a dejar de adorar ídolos de cumplimiento vacío para seguir a un Dios que no nos gobierna mediante el terror, sino que nos convoca mediante una solidaridad inquebrantable.

Recuperar la alegría del seguimiento

Al concluir esta reflexión, atrevernos a desenterrar al Jesús de los evangelios de debajo de nuestras pesadas lógicas institucionales constituye un acto profundamente liberador. Lejos de destruir tu fe, esta mirada crítica la rescata y la purifica de las costras del legalismo, de la culpa impuesta y del miedo que tal vez han paralizado tu espíritu durante años. No necesitas sostener sobre tus hombros el peso de una religión que condena; se te ofrece el privilegio inmenso de caminar junto a un amigo apasionado por la vida, un defensor incansable de los últimos, que nos regala su gracia de forma totalmente gratuita.

Que esta certeza renueve tus fuerzas, disipe tus angustias y te permita transitar hacia una confianza honesta, serena y madura. Creer lo creíble es atreverte a soltar las amarras del control religioso para dejarte seducir nuevamente por la ternura del Nazareno, descubriendo con inmensa paz que nuestra única y verdadera vocación es amar a la humanidad exactamente con la misma fuerza con la que Él nos amó.


Notas

  • Desplazamiento del Kerygma al Dogma: Análisis histórico-teológico que examina la transición del mensaje del Reino de Dios hacia un sistema centrado casi exclusivamente en el culto sagrado a la persona de Cristo. Este enfoque asume las investigaciones de la teología fundamental y exegética contemporánea, particularmente las aportaciones de J. A. Pagola y J. L. Segundo.
  • La primacía de la Ortopraxis: Concepto que subraya la precedencia de la acción compasiva, transformadora y solidaria por encima de la asimilación pasiva de doctrinas conceptuales. Este principio se fundamenta en la gran parábola del juicio a las naciones (Mateo 25, 31-46). Todas las alusiones a los textos sagrados asumen el rigor y la profundidad hermenéutica de la Biblia de Jerusalén.

Bibliografía

  • Comblin, J. (s.f.). El Pueblo de Dios.
  • Díez-Alegría, J. M. (s.f.). Yo todavía creo en la esperanza (El credo que ha dado sentido a mi vida). (Edición ePub).
  • Estrada, J. A. (2015). Qué decimos cuando hablamos de Dios. La fe en una cultura escéptica. Madrid: Trotta.
  • Pagola, J. A. (2013). Jesús. Aproximación histórica. Madrid: PPC.
  • Pagola, J. A. (s.f.). Volver a Jesucristo. Iniciar la reacción. [Video de YouTube]. Iglesia San Pedro Sopela.

Autor Lic. Roy Cisneros Sánchez, MAEd.

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