EL GRITO EN LA MEDIANOCHE Y LA SANGRE EN EL DINTEL

Autor Lic. Roy Cisneros Sánchez, MAEd.

EL ÁNGEL DE LA MUERTE EN LAS CALLES DE EGIPTO

Un alarido desgarrador rompe el silencio de la madrugada en el valle del Nilo. Desde el majestuoso trono del faraón hasta la celda más oscura de la prisión, no hay una sola casa donde no se llore desesperadamente a un muerto. El relato bíblico sobre la décima plaga de Egipto en la Biblia nos arroja de frente contra una escena que paraliza la respiración: la deidad misma recorre las calles masacrando a todos los primogénitos egipcios, perdonando únicamente a las familias hebreas que han manchado los dinteles de sus puertas con la sangre de un animal inmolado.

Al leer esta narración, la conciencia del creyente contemporáneo sufre un genuino estremecimiento. ¿Es el Creador del universo un verdugo implacable capaz de asesinar a niños inocentes en las sombras de la noche para doblegar la voluntad de un dictador político? Acercarse a estas líneas con una mirada literalista nos empuja hacia un abismo moral insoportable. O justificamos el infanticidio como un método lícito de liberación, o cerramos el texto sagrado llenos de espanto ante este retrato de la divinidad. Te invito a que sostengamos la mirada y no huyamos frente al estupor. Vamos a diseccionar el cuerpo literario de esta antigua epopeya para descubrir que las tradiciones que se entretejieron en la formación de este pasaje no buscan ensalzar el terror, sino proclamar una victoria teológica capaz de iluminar nuestra propia búsqueda de libertad en la actualidad.

El ritual nómada y la fiesta de los agricultores

Para desenredar el misterio de esta noche de luto, nuestra razón nos obliga a indagar en los cimientos antropológicos e históricos de la narración. Al examinar el libro del Éxodo, los eruditos detectan con prontitud que el texto no es una simple crónica policial de sucesos, sino una asombrosa amalgama de antiguas celebraciones que ya existían mucho antes de que se pusieran por escrito.

El relato fusiona dos fiestas primaverales de raíces muy distintas. Por un lado, descubrimos la memoria de los pastores seminómadas que, al iniciar la época de la trashumancia, sacrificaban un animal del rebaño y untaban con su sangre los postes de las tiendas de campaña; este acto era una medida de protección para alejar a los espíritus destructores o fuerzas nefastas propias del desierto. Por otro lado, emerge la antigua fiesta agrícola de los panes ázimos, una costumbre propia de los labradores sedentarios que inauguraban la temporada de la nueva cosecha eliminando radicalmente la levadura vieja de sus hogares.

La genialidad literaria y espiritual de los autores sagrados consistió en abrazar estos ritos populares y otorgarles un anclaje histórico definitivo. El texto original utiliza el término pesah (pasar de largo, saltar por encima) para definir la acción salvífica. El rito ha dejado de ser un conjuro de pastores; el relato transforma la sangre en la señal por la cual el Dios de Israel «pasa de largo», protegiendo activamente a los oprimidos frente a la plaga exterminadora que azota al país.

La relectura sacerdotal desde el cautiverio

A pesar de esta hermosa reelaboración, la crudeza de la masacre generalizada nos sigue golpeando. Para comprender su origen, debemos trasladarnos a la época en que la obra adquirió su forma definitiva. Durante la dolorosa experiencia del destierro en Babilonia, los autores de la tradición sacerdotal codificaron este ritual, adaptando la liturgia de la pascua para que las familias judías, desprovistas de santuario y de altar, pudieran seguir celebrándola en la intimidad de sus hogares como un vector de identidad nacional.

Para estos exiliados, que necesitaban reafirmar desesperadamente su fe frente al poder avasallador de los imperios, el relato de la décima plaga opera como un manifiesto de soberanía. La narración no oculta su verdadera intención cuando afirma que, a través de la muerte de los primogénitos, el Señor ejecutará su justicia «con todos los dioses de Egipto» (Éxodo 12,12).

La pluma sacerdotal no redacta una estadística de infanticidios, sino que elabora una dramática inversión teológica. El faraón, que en el inicio de la opresión había ordenado arrojar al río Nilo a todos los niños varones hebreos para extinguir la raza, cosecha ahora la ruina de su propia descendencia. El imperio del mal colapsa bajo el peso de su propia violencia. El objetivo último del autor no es festejar el llanto de las madres egipcias, sino gritarle a los cautivos de todas las épocas que ningún sistema idólatra, por majestuoso e indestructible que parezca, será capaz de resistir el poder del único Dios que salva a los indefensos.

El colaspso de los imperios de hoy

Navegar a través de las capas de esta epopeya supone dar un salto gigantesco hacia la madurez intelectual. Con suma facilidad, las interpretaciones inflexibles nos han hecho temer a una deidad caprichosa y letal. Superar la coraza literal de la décima plaga nos purifica la mirada, mostrándonos que la Biblia emplea el ropaje de la catástrofe cósmica para enseñarnos una ley incuestionable de la historia humana: toda estructura sostenida por la tiranía, la codicia y el aplastamiento del prójimo alberga en sus propias entrañas el germen de su aniquilación.

Al dialogar con este antiguo texto desde nuestro panorama del siglo veintiuno, el eco del mensaje resulta sobrecogedor. Nuestros propios «Egiptos» contemporáneos, ya sean los sistemas económicos que descartan a los pobres, las tiranías modernas o las prisiones interiores de nuestro orgullo, también terminan sacrificando a sus «primogénitos». Las sociedades que se niegan a obrar con justicia terminan devorando su propio futuro.

Hacer las paces con esta difícil página de la Escritura nos emancipa del miedo irracional. Evolucionar hacia una espiritualidad adulta y lúcida implica despojarnos de la imagen de un tirano celestial que demanda sangre infantil para cuadrar sus cuentas. Encontramos un alivio restaurador al comprobar que el Dios que culmina su revelación en el Nuevo Testamento prefiere caminar hacia su propio patíbulo en el Gólgota antes que enviar la espada sobre sus enemigos. Al asumir plenamente que nuestro Señor es siempre aquel que «pasa de largo» custodiando las puertas de nuestras vulnerabilidades, nuestra mente respira libre y se nutre de una esperanza serena, capaz de mantenernos firmes cuando las sombras de nuestras propias crisis amenazan con oscurecer la madrugada.


Notas

  • El término pesah (pasar de largo, saltar por encima): Derivado de la raíz verbal pasah. El texto sacerdotal de Éxodo 12 fundamenta etimológica y teológicamente la gran fiesta de la Pascua asociándola a la acción misericordiosa de Dios, quien «pasa por alto» las casas de los israelitas marcadas con la sangre, perdonando a sus primogénitos durante la intervención salvífica.
  • La Tradición Sacerdotal (P): Corriente de pensamiento teológico y literario responsable de la redacción definitiva de buena parte del Pentateuco, elaborada durante y después del amargo destierro en Babilonia (siglo VI a.C.). Esta escuela reorganizó la memoria religiosa de Israel para evitar que la identidad de los exiliados desapareciera, subrayando la majestad del único Creador y la centralidad de las instituciones cultuales.
  • El origen compuesto de la Pascua: Las antiguas celebraciones de Israel eran fiestas rurales que se «historicizaron». Originalmente, existía un rito de primavera entre los pastores (el sacrificio de un animal joven, asado al fuego, para asegurar la fecundidad y protección del clan) y, paralelamente, una fiesta de campesinos agricultores (los panes ázimos o sin levadura) al inicio de la siega. Al amalgamar ambas tradiciones, Israel les otorgó un significado radicalmente nuevo: la memoria perpetua de la liberación de la esclavitud egipcia.

Bibliografía

  • Equipo Cahiers Évangile. Los primeros pasos por la Biblia (Cuadernos Bíblicos 35). Editorial Verbo Divino.
  • Escuela Bíblica de Jerusalén. (2009). Biblia de Jerusalén (4ta ed.). Editorial Desclée De Brouwer.
  • Facultad Teológica de Toulouse. La Eucaristía en la Biblia (Cuadernos Bíblicos 37). Editorial Verbo Divino.
  • Nocquet, D. El Dios único y los otros dioses (Cuadernos Bíblicos 154). Editorial Verbo Divino.
  • Tassin, C. El judaísmo (Cuadernos Bíblicos 55). Editorial Verbo Divino.
  • Wiener, C. El libro del Éxodo (Cuadernos Bíblicos 54). Editorial Verbo Divino.

Autor Lic. Roy Cisneros Sánchez, MAEd.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *