¿ES CRISTIANO EL CATOLICISMO?: SEGUIMOS A JESÚS O A UNA RELIGIÓN

Autor Lic. Roy Cisneros Sánchez, MAEd.

El espejismo de la costumbre y la sede de lo auténtico

¿Alguna vez te has sentado en el banco de una iglesia, rodeado de incienso, ritos milenarios y normas estrictas, y te has preguntado en silencio si verdaderamente el humilde carpintero de Galilea pretendía fundar todo esto?

A menudo, las personas que buscan sinceramente a Dios experimentan una profunda contradicción. Sienten una inmensa atracción por la figura tierna y compasiva de Jesús, pero al mismo tiempo experimentan un rechazo casi instintivo hacia una institución que, en ocasiones, parece más preocupada por el poder y el derecho canónico que por el dolor del ser humano.

Esta tensión nos empuja a formular una pregunta socrática y vital: ¿es lo mismo ser un buen católico practicante que ser un auténtico seguidor de Jesús? Abordar este dilema no significa atacar al Catolicismo, sino todo lo contrario; es tener la inmensa valentía de limpiar el polvo de los siglos para reencontrarnos con la frescura original del Evangelio y sanar nuestra espiritualidad.

De la mesa compartida al tribunal de las doctrinas

Para comprender cómo llegamos a esta encrucijada, la investigación moderna nos invita a viajar al siglo primero. El hecho empírico es deslumbrante: Jesús no redactó ningún catecismo dogmático ni estableció una pirámide de poder. Su vida entera giró en torno a una experiencia apasionante que los textos originales denominan basileia, el reinado o proyecto de Dios.

Este proyecto no era una teoría filosófica para el más allá, sino una ortopraxis histórica orientada a devolver la dignidad a los enfermos, las mujeres y los excluidos. Como nos recuerda el evangelista Lucas, la regla de oro de este movimiento no era la pureza de los rituales, sino la revolución de la misericordia:

«Sed compasivos como vuestro Padre es compasivos»

La inferencia racional nos muestra que los primeros discípulos captaron perfectamente esta esencia. La maravillosa obra titulada Así vivían los primeros cristianos nos revela un dato fascinante. A diferencia de los cultos paganos del Imperio romano, donde la religión era un simple contrato que no exigía compromisos éticos, la conversión al movimiento de Jesús implicaba adoptar un estilo de vida radicalmente nuevo.

La genialidad de aquellas primeras comunidades no radicaba en sus sofisticadas formulaciones teológicas; de hecho, la investigación confirma que las doctrinas y creencias fueron un producto secundario que surgió mucho después. Lo que verdaderamente los definía era la koinonia, la comunión fraterna, y sus prácticas concretas de cuidado hacia los más vulnerables, asumiendo un trato compasivo hacia los huérfanos, los esclavos y las viudas.

Sin embargo, la hipótesis teológica nos advierte de un giro doloroso a lo largo de la historia. Con el paso del tiempo y la alianza con el poder imperial, la Iglesia fue asumiendo las estructuras piramidales de su entorno. Como advierte certeramente el teólogo José Antonio Pagola, hoy corremos el enorme riesgo de confundir la adhesión a la fe cristiana con la mera defensa de una herencia religiosa multisecular, olvidando que de nada sirve defender doctrinas sublimes sobre Cristo si no caminamos tras sus pasos en la vida real. El mensaje revolucionario se fue fosilizando, y la institución terminó, muchas veces, priorizando el orden y el dogma por encima de la ternura.

Desaprender la sumisión para abrazar la fraternidad

¿Qué significa este descubrimiento para ti, que anhelas vivir una fe auténtica y con sentido en medio de una cultura secularizada? Significa, en primer lugar, una apremiante invitación a desaprender. Debemos cuestionar y soltar aquellas imágenes idolátricas que nos han hecho creer que agradar a Dios equivale a cumplir ciegamente un catálogo de reglas impuestas o a obedecer a una institución sin espíritu crítico.

Te invito a preguntarte en lo más profundo de tu conciencia: ¿tu manera de vivir la religión te empuja a ensuciarte las manos para aliviar la soledad de tu prójimo, o te aísla en un falso confort de superioridad moral frente a los que no van al templo?

Creer lo creíble, en diálogo con teólogos modernos como Johann Baptist Metz, significa recuperar la memoria peligrosa y verdaderamente subversiva de Jesús frente a las injusticias del mundo. Ser cristiano hoy no exige que seas un erudito en dogmática impecable; exige que tu vida funcione como un hospital de campaña para los caídos.

La ortodoxia, es decir, el pensar correcto, carece de todo valor y se vuelve vacía si no se traduce irremediablemente en ortopraxis, el actuar correcto a favor de la justicia y del ser humano que sufre. Nuestra misión prioritaria no es salvar a la institución de las críticas del mundo moderno, sino permitir que la fuerza del Evangelio critique nuestras propias estructuras para devolverles su genuina vocación humanizadora.

Recuperando el fuego original

Al finalizar este recorrido, atrevernos a distinguir con claridad entre el pesado ropaje de la religión y la persona viva de Jesús constituye el acto más sanador que puedes regalarle a tu corazón. Lejos de robarte la esperanza, esta madurez intelectual te libera para siempre de las densas cadenas de la culpa institucional y del miedo.

Descubrir que la Iglesia es una realidad humana, peregrina y falible te permite descansar tu confianza únicamente en el amor inagotable de Dios. No tienes que rendir un examen de perfección religiosa para ser abrazado por el Creador.

Que esta profunda certeza renueve tu espíritu, permitiéndote transitar hacia una fe más adulta, libre y serena. Atrévete a creer con más fuerza, pero en menos cosas, soltando el lastre de las leyes opresivas para dejarte guiar únicamente por la brújula de la compasión, convirtiendo tu propia existencia en la mejor noticia que los demás puedan recibir.

Notas aclaratorias sobre el texto

Sobre la primacía del estilo de vida: El análisis sobre la relevancia del estilo de vida, la resocialización comunitaria y las prácticas solidarias en los orígenes del cristianismo, por encima de la formulación de creencias dogmáticas abstractas, se fundamenta en las sólidas aportaciones de la exégesis y la sociología bíblica. Esta perspectiva se encuentra ampliamente documentada en la obra colectiva titulada Así vivían los primeros cristianos.

Sobre la enseñanza de Jesús: Las referencias directas a la predicación del Nazareno, como la exhortación radical a la compasión universal presente en el evangelio de Lucas, mantienen el rigor y la sensibilidad de textos consolidados de la tradición como la Biblia de Jerusalén. Este enfoque sintoniza con la urgente llamada a recuperar al Jesús histórico impulsada por la teología contemporánea.

Bibliografía consultada

  • Aguirre, R. (Ed.). (2017). Así vivían los primeros cristianos. Evolución de las prácticas y de las creencias en el cristianismo de los orígenes. Estella: Verbo Divino.
  • Metz, J. B. (1979). La fe, en la historia y la sociedad. Esbozo de una teología política fundamental para nuestro tiempo. Madrid: Cristiandad.
  • Pagola, J. A. (2013). Jesús. Aproximación histórica. Madrid: PPC.
  • Torres Queiruga, A. (1995). Recuperar la salvación. Para una interpretación liberadora de la experiencia cristiana. Santander: Sal Terrae.

Autor Lic. Roy Cisneros Sánchez, MAEd.

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